Cuando pienso en los 24 años que llevo dando consejo sobre relaciones gays entre hombres a las parejas, a veces me pregunto cuáles son las diferencias generales entre las relaciones gay y las heterosexuales.
Quiero hacer esta reflexión para los hombres gays solteros y con pareja, basada en mi perspectiva de lo que he visto estos años. Mis vivencias y observaciones como psicoterapeuta especialista en hombres gays puede que sea diferente a la de otros gays o, incluso, a la de otros terapeutas especialistas en esto. Sin duda, tenemos que ser conscientes de que no se deben consentir las suposiciones injustificadas, los estereotipos o los prejuicios. Sin embargo, hacer que una relación funcione (lo que defino, en parte, como el nivel de satisfacción de la relación de cada persona durante el tiempo y con la calidad “subjetiva” de cada uno) es, por lo menos, una base del proceso de desarrollar habilidades.
Creo que estas con fundamentales en las relaciones gays entre hombres para que duren (cantidad) y prosperen (calidad). Estas cuestiones son las que surgen repetidas veces en las sesiones de asesoramiento de parejas:
1. DINERO
Las parejas gays formadas por hombres suelen tener muchos conflictos por el dinero. Según las estadísticas, los hombres blancos suelen recibir un salario mayor. El sexismo que sufren las mujeres y por el que ganas una parte de lo que ganaría un hombre por el mismo trabajo, se extiende tanto a los hombres homosexuales como a las heterosexuales. Es difícil encontrar una pareja gay masculina donde los problemas de competitividad no salgan a la luz, ya sea por el aspecto físico, la influencia social o los ingresos. Creo que el hecho de que esta cuestión sea un problema es porque se sigue pensando todos los hombres estadounidenses (y de cualquier otra parte), incluso en estos tiempos tan modernos, deben ser los que lleven el pan a casa. Los hombres blancos, sobre todo los de clase media o los que tienen una posición socioeconómica mayor, se asocian a la idea de “hacerse su propio camino”, disfrutando de un privilegio socia (lo quieran o no), por encima de toda la población. Los hombres gays de color se enfrentan a un doble desafío a la hora de gestionar las reacciones y la presión social por ser gays y de color y por no cumplir con los estereotipos.
Hay muchas presiones potenciales que enfrentar y superar. Se espera que los hombres heterosexuales todavía sufren presión social por ganar más que sus mujeres y si no, se pueden sentir humillados, celosos o desalentados (no solo por sus mujeres, sino también por otros hombres). Todo esto está provocado por los fuertes y omnipresentes mensajes que da la sociedad sobre qué se espera de los hombres. Esto ni siquiera se debate o se reflexiona sobre ello porque, simplemente, es así. Así que cuando dos hombres gays formalizan su relación, los problemas por ver quién es el patriarca comienzan. A veces puede haber una ironía: el mayor, que gana más, puede representar el papel del sumiso en lo sexual, y es en la habitación donde se puede jugar, dar la vuelta o expresar estas cuestiones de poder, control y dominancia. En todas las relaciones gays masculinas hay un poder evidente y otro menos visible o “pasivo-agresivo”.
¿Cómo se muestran estas dinámicas? Los conflictos que surgen de ellas,
¿son una señal para volver a terapia de pareja?
Los hombres gays con los que trabajo siempre tienen diferentes culturas y nacionalidades. No estoy seguro de por qué; no pienso que sea porque las parejas gays masculinas tienen más problemas que las heterosexuales, o incluso porque las parejas multiculturales no pueden salir adelante sin terapia de pareja. Puede que las diferencias culturales sean una barrera más en esta carrera de obstáculos, pero también supone mayor misterio, excitación, exotismo y diversión. Las diferencias culturales pueden ser de idioma, alimentación, tradiciones, hábitos y también de dinero. Así que, en terapia de pareja, las diferencias y los conflictos que aparecen en relación con el dinero son provocadas en realidad por diferencias culturales o de tradición familiar, ya sean los integrantes de la misma nacionalidad/etnia o no.
La terapia de pareja ayuda a resolver conflictos relacionados con el dinero y, normalmente, ayuda a entender que no estamos en una competición ni que uno de la pareja debe dominar o debe ser declarado como “campeón”. En realidad, se trata de ayudar a los hombres a entender que la familia no consiste en “yo”, sino en “nosotros”. Crear un “nosotros” donde cada miembro de la pareja dé el 50% puede ser difícil para los hombres porque, en general, han aprendido que deben controlar y dominar. De hecho, en muchos casos ni siquiera se dan cuenta de que lo hacen.
A diferencia de las parejas heterosexuales, que (hasta hace poco) tenían el monopolio en cuanto al reconocimiento legal de sus relaciones (antes de las parejas de hecho y de las leyes de igualdad matrimonial), la ley trataba a los hombres homosexuales como dos individuos independientes que viven debajo del mismo techo, sobre todo en lo que a leyes e impuestos se refiere. Los matrimonios heterosexuales suelen “compartir” el dinero de buena gana, y tienen a sus padres como claro ejemplo heterosexual de comportamiento a seguir (además del cine, de la televisión y de los anuncios). Tienden a tener cuentas bancarias conjuntas y a hacer juntos la declaración de impuestos y tienen automáticamente beneficios como la Seguridad Social (durante generaciones). Sin embargo, los hombres homosexuales piensan de una manera más individualista y la idea de “unir” sus dos sueldos en uno conjuntos, una vez establecidos como pareja, crea una lucha mental y emocional que solo se calma con el tiempo y más confianza.
La terapia de parejas puede incluir lluvias de ideas, identificación, evaluación y la puesta en práctica de planes de gestión del dinero, para que ambos miembros de la pareja sientan que la contribución es igualitaria, incluso si hay mucha diferencia entre los ingresos de la Persona A y de la Persona B.


