Relaciones entre hombres gays: 10 diferencias con las heterosexuales

3.TAREAS DEL HOGAR

Puede que a los que no son médicos les sorprenda que el reparto de las tareas de la casa es un tema típico en terapia. Mientras que las parejas heterosexuales de ahora intentan aparentar que son muy liberales, la realidad es que en muchos casos (por no decir en la mayoría), es de las mujeres de quien se espera que acaben haciendo la mayoría de las tareas del hogar: mantener las cosas limpias, organizadas, en buenas condiciones, repletas, controladas y hacer que vayan viento en popa. Hay cierto parecido entre la señora Hughes de Downtown Abbey y la madre/esposa más liberal, porque, una vez más, los hombres todavía creen que tienen que encargarse de llevar el sustento a casa o de los deberes más físicos/mecánicos o del jardín. Incluso las parejas heterosexuales que se oponen a esto se dan cuenta, ya sea por ellos mismos o por la reacción de los demás, porque efectivamente están luchando con la “tradición” (expectativa social). Entonces, cuando dos hombres homosexuales comienzan una relación, hay un componente doméstico. Este puede provocar roces sobre quién hace qué y quién “debería” hacer qué.

No hay roles de género “tradicionales” para enseñar a todos la “dirección correcta” (es broma). En terapia de pareja, suelo recomendar que se haga una Lista de las tareas domésticas pendientes, que debe ser exhaustiva y detallada. ¿Quién paga las facturas? ¿Quién limpia? ¿Quién supervisa la limpieza? ¿Quién corta el césped? ¿Quién paga al jardinero para que lo corte? ¿Quién le supervisa? ¿Quién cambia las bombillas? ¿Quién cocina? ¿Quién friega? ¿Quién hace la compra? ¿Quién tiende la ropa? A las parejas homosexuales ricas (suelo trabajar en Los Ángeles), el servicio de limpieza doméstica les ayuda en estas cosas, pero hay algunas tareas que no pueden ser traspasadas a nadie más. A menudo, hacer una lista y debatir sobre cómo dividirla es motivo de discusión en casa o en la sesión. Si uno es fisioterapeuta y trabaja 60 horas/semana en el hospital, y el otro es un bailarín que tiene más tiempo libre, ¿cuánto más se espera que haga el bailarín?

La clave en terapia es encontrar “qué es lo justo”, teniendo en cuenta que las dos partes de la pareja deben (de alguna forma) “contribuir de igual manera” a la relación. En mi propia experiencia como marido (desde 2008), creo que hay ciertas tareas que nos gustan más y que se nos dan mejor, y casi nunca se divide en 50/50. Quizás somos afortunados por esto, pero a mi no me importan pagar las facturas online, si él se encarga de tender la ropa seca y de recogerla. Lo que a uno le aburre, puede ser lo que a otro le guste. El reto es conseguir un sentido de equidad sin que a ninguno le desagrade tanta “domesticidad”, lo que se puede ver como una “falta de masculinidad”. Pero ¿por qué? Parece que tiene que ver con la misoginia que algo históricamente asociado al “trabajo de la mujer” también se asocie con la servidumbre y el trabajo humillante, y no como algo fundamental para tener una casa limpia, higiénica, saludable, cómoda y bonita. A veces, es necesario que se identifiquen y se solucionen en terapia temas como el sexismo o el origen familiar donde, quizá, uno de la pareja vio a su padre abusando de su madre, y esas dinámicas han hecho que él sea especialmente sensible hacia los “comportamientos dominantes”. Estos temas emocionales son los que subyacen en tareas muy prácticas que es necesario hacer para que un hogar (incluso sin hijos) funcione.

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